¿Realmente son distintos el cerebro masculino y el femenino?

Junto con casi todos los demás aspectos de las diferencias reales o imaginarias entre los sexos, la idea de que tu sexo biológico determinará el sexo de tu cerebro, y por lo tanto, tu conducta, tus aptitudes y tu personalidad, tiene una larga y controvertida historia. La idea de que el cerebro de un hombre es "masculino" y el de una mujer es “femenino”, pocas veces se pone en duda.

Las más recientes técnicas neurocientíficas utilizadas para medir y mapear las estructuras y funciones cerebrales que podrían distinguir a ambos sexos se explican en un reciente número especial de la Royal Society en el que se analiza las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino. Sin embargo, entre los artículos, se encuentra uno que cuestiona directamente el concepto mismo en el que los otros se basan en términos generales, afirmando audazmente que no existe un cerebro masculino o femenino.

Una de los autores, Daphna Joel, había publicado un estudio acerca de las estructuras y conexiones en más de 1,400 cerebros de hombres y mujeres de entre 13 y 85 años de edad, en los que no se encontró ninguna prueba de la existencia de dos grupos distintos de cerebros que pudieran ser descritos como típicamente masculinos o típicamente femeninos. Generalmente, los cerebros eran “mosaicos” únicos de diferentes características, algo que puede caracterizarse más correctamente como una sola población heterogénea.

Este mosaico de características no puede explicarse en términos simplemente biológicos, sino que es una medida del efecto de factores externos. Esto es verdadero incluso en el nivel más fundamental. Por ejemplo, puede demostrarse que una densidad “característicamente masculina” de ramificaciones dendríticas de una neurona puede cambiarse a la forma “femenina” simplemente al aplicar una leve tensión externa. Por sí solo, el sexo biológico no puede explicar las diferencias cerebrales; para hacerlo, es necesario comprender cómo, cuándo y en qué medida los sucesos externos afectan la estructura del cerebro.

Neuroflexibilidad

La idea de que nuestros cerebros son flexibles o maleables y, lo que es más importante, permanecen así durante toda nuestra vida, es uno de los avances clave ocurridos en los últimos 40 años acerca de nuestro conocimiento del cerebro. Distintas experiencias a corto y a largo plazo modificara la estructura cerebral. También se ha demostrado que las actitudes sociales y las expectativas como los estereotipos, puede modificar la manera en que nuestro cerebro procesa la información. Las diferencias supuestamente basadas en el cerebro que se encuentran en las características conductuales y cognitivas cambian con el paso del tiempo y de acuerdo con el lugar y la cultura, debido a los distintos factores externos experimentados, como el acceso a la educación, la independencia financiera e incluso la alimentación.

La importancia de estos hallazgos para el debate relacionado con el cerebro masculino/femenino es que, al comparar diferentes cerebros, es necesario conocer más que simplemente el sexo de sus propietarios. ¿Qué clase de experiencias que modifican el cerebro han experimentado sus propietarios? Incluso una vía tan rutinaria como la escuela, la universidad y un empleo de nueve a cinco moldear al cerebro en formas distintas de las de aquellas personas que tengan experiencias diferentes.

Evidentemente, esto es importante cuando se mide y se analiza cualquier tipo de diferencias cerebrales, particularmente cuando lo que se estudia es la influencia de una variable biológica (el sexo) en una variable social (el género). Sin embargo, es sorprendente la poca frecuencia con la que este elemento se incorpora en el diseño de sus estudios o se reconoce en la manera en que se interpretan los resultados. Comprender en qué medida los cerebros examinados se relacionan con los mundos en los que existen debe formar parte de cualquier intento por tratar de responder la pregunta de qué es lo que distingue al cerebro masculino del femenino, si es que existe alguna diferencia.

Un nuevo enfoque

Quizás las crecientes pruebas de que los cerebros no pueden dividirse claramente en grupos basados en el sexo provoquen una modificación radical en la manera en que abordamos el tema. ¿Qué significa realmente una "diferencia sexual"? Considerada directamente, uno supondría que una "diferencia" indica que los dos grupos medidos son distintos. Que las características que son verdaderas para uno casi nunca son verdaderas para el otro, que es posible pronosticar características con base en el sexo o vice versa, o que conocer a qué grupo pertenece una persona permitiría pronosticar de manera confiable su desempeño, sus reacciones, sus habilidades y su potencial. Pero ahora sabemos que esto simplemente no refleja la realidad.

En una amplia gama de medidas psicológicas, resulta claro que ambos sexos son realmente más similares que distintos, a pesar de los estereotipos y de las afirmaciones anecdóticas frecuentemente repetidas. En paralelo con las conclusiones de que los cerebros son un mosaico de características, distintos análisis de más de 100 rasgos conductuales y de personalidad considerados característicos de un sexo o del otro han demostrado que no se dividen en dos grupos distintos, sino que son asignados a un solo grupo. La conclusión de la investigadora, presentada con una amplia sonrisa, sólo puede ser que los hombres no son de Marte ni las mujeres de Venus; todos somos de la Tierra.

Es muy importante que todo el asunto de las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres y las implicaciones para las diferencias entre ambos sexos en cualquier entorno (el comportamiento normal o anormal, la capacidad, la aptitud o el logro) sea aclarado. En Estados Unidos, los Institutos Nacionales de Salud ordenaron recientemente que, en los casos en que resulte apropiado, el sexo de los sujetos examinados deberá ser una variable en cualquier investigación que reciba fondos de esa institución. Es hora de superar la dicotomía simplista de buscar qué es lo que hace que un cerebro masculino sea distinto de uno femenino, y en cambio, abordar el asunto desde una pregunta probablemente más significativa y potencialmente reveladora: ¿qué hace que los cerebros sean diferentes?

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